China: el largo camino del regreso a casa (+FOTOS)


Las despedidas siempre son tristes. Cuando se ha convivido por casi cuatro meses con un pueblo hermano el adiós se convierte en una verdadera tortura. Llegó la hora final.

Solo restaba una actividad para concluir la segunda edición del Programa Internacional de Ciudades Hermanadas con la provincia de Gansu en la República Popular China. Tras innumerables muestras de cariño y hospitalidad la hora final se apresuraba sin opciones.

Los anfitriones del Gobierno Provincial de Gansu habían organizado la ceremonia de clausura y la cena de despedida con la misma elegancia de todas las anteriores. Algunos delegados ya habían regresado a sus países, pero la mayoría permanecía en Lanzhou.

Entre actuaciones (previamente ensayadas e interpretadas en idioma chino), brindis, abundante comida y muy fina decoración del espacio seleccionado transcurrió mi penúltima jornada en el gigante asiático. En la mañana siguiente comenzaría un viaje larguísimo que ya conocía.

Muchos recuerdos llevaría conmigo de este impresionante recorrido por la historia y la cultura de la provincia de Gansu, que abrió sus brazos en señal de amistad para todos nosotros. Muchas insatisfacciones quedaban: no haber aprendido lo suficiente del idioma chino y no disponer de más tiempo para conocer mejor a ese pueblo son algunas de las más significativas.

La noche de la despedida estuvo marcada por constantes besos y abrazos a los amigos que marchaban. Mi viaje sería largo como el de septiembre, pero con una ruta diferente. La salida estaba prevista por Shanghai, así que antes debía volar desde Lanzhou hasta esa ciudad y de ahí, casi en la medianoche, rumbo a Paris.

En mi equipaje llevaba los certificados que acreditaban que había cumplido con mi deber. En mis recuerdos muchos instantes que marcarían como inolvidables las jornadas transcurridas entre el 4 de septiembre y el 26 de diciembre de 2007.

Poco más de 26 horas sobre aviones y otras 20 de espera en aeropuertos marcó el regreso a casa. Finalmente el Boeing 767 de Air France que me trasladaba desde París se acercaba a La Habana. A lo lejos la tripulación divisa las luces de la capital de todos los cubanos. En la aeronave se anuncia que en breves minutos aterrizaríamos en el Aeropuerto Internacional “José Martí”. El sonido inconfundible del impacto del tren de aterrizaje con la pista anuncia la inminente llegada.

El viaje concluía. Lo que pudiera significar para muchos un sueño difícil de alcanzar se había convertido para mí en una inolvidable realidad. No era ningún sueño. Había estado durante casi 4 meses visitando China.

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Acerca de Luis Ernesto

Licenciado en Matemática-Computación en 1996. Profesor de Tecnología Educativa de la Universidad de Ciencias Pedagógicas "José de la Luz y Caballero", en la que durante varios años fue webmaster. Actualmente es Director de Relaciones Internacionales.
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