Por Carlos Antonio Rodríguez Sueiro. Esta España actual gobernada conjuntamente por el Partido Popular y Bruselas, empieza a sufrir las consecuencias de una política social y económica enmarcada básicamente en un plan de ajustes salvajes para toda su población. Principalmente (como es costumbre en el neoliberalismo) los obreros, los asalariados tanto privados como públicos, aunque no quedan exentos las capas medias como los autónomos, pequeños comerciantes, productores, pequeñas y medianas empresas.
El único beneficio que logra este plan es más concentración de la economía que queda en manos de los grupos hegemónicos del poder como multinacionales, transnacionales y banca privada que verán cómo se llenan sus bolsillos a consecuencia de hacer de todo lo público grandes negociados privados. Ya tienen sus garras puestas en los negocios de la salud, educación, medios de comunicación, transporte, energía, etc.
En este proceso de privatizaciones que se avecina, como es su vieja costumbre y basándose en experiencias anteriores a nivel mundial, se quedaran con los activos y de los pasivos se hará cargo el estado, o sea, nosotros.
España no será la excepción, ellos saben que es la manera de ganar dinero fácil y no van a innovar a esta altura de la historia.
Este nefasto proceso económico solo lo pueden llevar a cabo mediante la complicidad de los políticos de turno, que han sido en los últimos años sus socios minoritarios, pero socios al fin. No por casualidad al término de sus mandatos siempre tienen un puesto importante en alguna empresa multinacional como asesores. Eso sí, nunca como trabajadores simples de plantilla.
Viendo por donde hacen caminar a España no es difícil suponer que su final suena trágico: privatizaciones, ajustes, recortes, mayores impuestos al consumo, caída de la producción, parados sin ayudas básicas, aumento de la inseguridad social etc. En sí un panorama muy similar por el que pasó Grecia antes de llegar a su actualidad, que es la deseada por estos grupos de poder.
Ni más ni menos que tener un gobierno títere a sus planes y conformado por conservadores y falsos socialistas que solo tienen por “márquetin” el nombre, pero responden a la social democracia.
Si nosotros nos retrotraemos un poco atrás, veremos que los dos partidos mayoritarios asimilan políticas similares, pues no podemos olvidar los ajustes que emprendió el gobierno de Zapatero en su última etapa. Ajustes que nada tienen que ver con el concepto y sentido socialista y que hoy continúa y acentúa aun más el gobierno de Rajoy.
Estos dos partidos saben que si España es intervenida por la Comunidad Europea no tienen más salida política que hacer un gobierno de coalición para enfrentar el descontento y la rabia popular.
¿Qué hacer entonces ante esta situación política? ¿Cómo enfrentarla? ¿Qué salida tiene el campo popular ante tanta siniestralidad política, social y económica?
Si tenemos una visión política optimista, debemos entender que esta coyuntura solo va a ayudar a que las contradicciones se acentúen más. Tarde o temprano al capitalismo se le caerá la careta con la que se disfrazó durante estos últimos años, la del capitalismo humano, o social o el tan mentado estado de bienestar.
Esta es una contradicción que debemos aprovechar para encaminar toda protesta con tintes reivindicativos económicos, que desde ya debemos apoyar sin medias tintas, pero convirtiéndolas en protestas políticas, pues en el fondo todos estos ajustes y recortes económicos es influenciado por un tema político: el de pertenecer a un estado capitalista.
Tenemos que estar en la calles con los más necesitados, con los que sufren esta catarsis económica, con los desahuciados, los parados, los inmigrantes que pierden la atención sanitaria, con los mineros, los trabajadores del estado que les recortan sus pagas, con la defensa de la salud pública como derecho universal, con la educación por y para todos, en sí con aquellos compañeros que sufren el pisotón descarado y salvaje de esta crisis inventada y cimentada por ellos solamente con un fin, apoderarse de lo nuestro y crear una conciencia social de que el trabajo es una necesidad y no un derecho, con el único fin de que le salgamos más baratos que un esclavo.
¿De qué herramienta política disponemos para dar esta batalla?
Hay una herramienta política que tenemos en nuestras manos, que puede marcar un antes y después en este País. Depende solo de nosotros si la sabemos usar y además convertirla en la única opción de cambio real y revolucionario de nuestra sociedad.
Esta herramienta es Izquierda Unida y debemos convertirla en una alternativa real de poder, en una alternativa de masas.
Disponemos políticamente de diputados, alcaldes, concejales y de compartir un gobierno de unas de las mayores autonomías como es Andalucía. No es una gran cuota de poder, pero es más de lo que teníamos hace un corto tiempo atrás.
Según como manejemos esta pequeña cuota de poder se verán los resultados, si políticamente demostramos que somos distintos, honestos, disciplinados con nuestra ideología, comprometidos en un 100% con nuestra gente, solidarios con nuestro pueblo en este difícil momento, imaginativos a la hora de dar alternativas a las situaciones más agobiantes, el crecimiento será seguramente proporcional a nuestra dedicación y compromiso.
Hay que mostrar y demostrar que no somos más de lo mismo y por ejemplo el Pueblo de Marinaleda es distinto y su alcalde Juan Manuel Sánchez Gordillo, también es distinto, esto hay que mostrarlo, miles de españoles ni saben de sus logros.
Izquierda Unida lleva hoy todas sus propuestas a discusión y análisis a sus militantes, como herramienta de una democracia directa, esto también es distinto y hay que mostrarlo.
Con la experiencia de lo hecho en el Pueblo de Marinaleda, debemos fomentar la creación de mutuales o cooperativas para que los pequeños productores de alimentos, los pescadores, por ejemplo formen sus propias cooperativas o mutuales para defender el precio de sus productos contra el monopolio de los grandes almacenes o distribuidores que les abonan miseria. La creación de mutuales o cooperativas de consumo por barrios o localidades para abaratar la canasta familiar y lograr que productores y consumidores se unan por un comercio justo, evitando el parasito del intermediario.
Esto no es solo una alternativa económica es una alternativa política, pues los verdaderos socialistas y comunistas creemos en estas herramientas como desarrollo de una sociedad más justa.
No es fácil, pero Izquierda Unida tiene entre su militancia hombres y mujeres capacitados para ayudar a dar alternativas reales a nuestra gente, es solo un proceso de compromiso y lealtad con nuestra forma de pensar.
Es además otra manera de demostrar que otra economía es posible.
Nuestros militantes tiene que además de participar en toda movilización popular o huelgas justas y reivindicativas, el compromiso de caminar por todos los barrios, calles y parajes, viendo, escuchando y atendiendo las necesidades y propuestas de nuestra gente, es importante que sientan nuestro apoyo y calor, nuestro cariño y compromiso.
Nuestros militantes no son gerentes de una multinacional. Son obreros de la revolución y como tales debemos comprometernos.
Hay que formar grupos de trabajos solidarios para resolver necesidades específicas de nuestra gente. Por ejemplo si una escuela o centro deportivo de un pueblo se queda sin funcionar por culpa de los recortes ahí debemos acudir, para ayudar, resolver aunque sea con parches, pero que sepan que cuentan con nosotros, porque nosotros contamos con ellos, somos una piña.
Hay que demostrar que el Socialismo es un compromiso moral pero además es alegría, bullicio, justicia, trabajo digno, vivienda, salud y educación como derecho fundamentales para el desarrollo de una vida justa, digna y solidaria.
El camino es largo, pero la victoria es hermosa.
Con todo respeto a mis compañeros de Izquierda Unida.


Luis Ernesto Ruiz Martínez.













