Las increíbles matemáticas de la Oficina Tributaria Cubana


Por Luis Ernesto Ruiz Martínez. Al terminar los carnavales en cualquier región de la isla muchos quedan como el famoso gallo de Morón: “desplumados” y sin muchos deseos de cantar. Y es natural porque en las fiestas siempre se gasta más dinero del que se debería, aunque nunca viene mal un poco extra de diversión.

Coincidirán conmigo que el cubano se las ha ingeniado para “inventar” hasta lo impensable por “alargar” su economía doméstica hasta fin de mes. Con el incremento del trabajo por cuenta propia han aparecido innumerables opciones para ganarse el dinero de manera honrada sin tener que acudir al robo, la estafa o el engaño como lamentablemente todavía siguen haciendo algunos por ahí.

Las habilidades empresariales del cubano hacen a algunos afirmar que sería capaz de hacer rentable un puesto de venta de helados en pleno Polo Norte o mantener con sustanciales ganancias un establecimiento para ofertar Té caliente en medio del desierto del Sahara. Bromas aparte son muestras del reconocimiento que tiene el carácter emprendedor de los que habitamos esta bella isla del Caribe.

El número de compatriotas que han asumido esta modalidad no estatal de empleo crece de forma sistemática por lo que, de manera paralela, debían implementarse estrategias y procedimientos para que el correspondiente pago de impuestos ocurriera de forma menos engorrosa para estos trabajadores. Sin embargo, lo que ocurre en las dependencias de la ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria) está bastante lejos de facilitar cualquier trámite.

Mi visión se corresponde con la de un cubano bien alejado de dichos procedimientos, por lo que solo me limito a comentar las cosas que veo con frecuencia en la más cercana a mi hogar. Interminables filas para ser atendido, jornadas perdidas en espera de la respuesta requerida y sobre todo mucho papeleo y burocracia, males que en los últimos años han comenzado a recibir un tiro de gracia que aún no lleva ni la puntería ni el calibre que necesitamos para enderezar el rumbo de la Revolución Cubana.

Hoy coincidí con un amigo que en estas vacaciones no había visto. Me contó sus peripecias para pagar el impuesto correspondiente para la “patente” que le complementa sus ingresos personales desde hace algún tiempo.

Al mirar detenidamente el documento que la ONAT le había entregado para pagar su patente descubrió que si se vencía debería abonar un incremento impositivo del 5%. En su caso la cuota mensual es de 100 pesos MN por lo que prefirió esperar hasta el 20 de agosto para pagar la “multa” que ascendería, utilizando cualquier procedimiento matemático elemental, a CINCO pesos MN.

Con lo que no contó mi amigo “cuentapropista” es que al parecer la ONAT tiene su propia Matemática. Lo que me hace sospechar que las grandes genialidades que allí se generan se deben a los novedosos sistemas logarítmicos o exponenciales que sus destacados “hombres de ciencia” ponen a disposición de los JEFES, los que disponen a su antojo del tiempo y recursos de quienes acuden a ellos a pagar el impuesto correspondiente.

Descubrió, luego de largas horas de espera por la llegada de la persona a la que “le pagan por atenderle”, que además de ese 5% que decía el documento estaría OBLIGADO a pagar una multa (la segunda) de 26.25 pesos MN. Por supuesto que no tendría que hacerlo allí mismo, sino en otra Oficina para el pago de Multas en la que tendría que hacer la cola y dedicar otra jornada. La respuesta que recibió de la joven que finalmente lo atendió es que ella no sabía por qué en el documento además del 5% no aparecía esta otra carga impositiva.

Hay razones más que suficientes, argumentadas por varios trabajos periodísticos en diversas regiones de Cuba, para afirmar que en la ONAT no se ha engrasado lo suficiente este mecanismo. Como dice mi amigo de esta manera no se propicia el rápido crecimiento de nuestra economía de base. Al contrario, son muchos los frenos que las personas (y no precisamente el sistema) agregan al necesario incremento del trabajo por cuenta propia.

Es un ejemplo que quisiera creer aislado y apenas una gota en medio del mar de trámites que se realizan en la Cuba de hoy. Pero soy realista y estoy convencido que no es una excepción, sino algo muy cercano a la regla.

Si he expresado en otros posts la necesidad de enfrentar con mayor exigencia a la corrupción y el desvío de recursos, estoy en la obligación de agregar a esa lista la falta de comunicación y de respeto al cliente en las oficinas a las que debemos acudir diariamente. Muchas veces, la inmensa mayoría, salimos de las mismas más indignados por el (mal) trato recibido que por los obstáculos burocráticos que debemos saltar. Me duele reconocer que todavía en Cuba, pese a varios intentos, la fórmula aritmética en materia de impuestos se comporta de esta forma: 2+1=ESTRÉS.

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Acerca de Luis Ernesto

Licenciado en Matemática-Computación en 1996. Profesor de Tecnología Educativa de la Universidad de Ciencias Pedagógicas "José de la Luz y Caballero", en la que durante varios años fue webmaster. Actualmente es Director de Relaciones Internacionales.
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